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Ese balón, esa raqueta, esa pala, esas zapatillas… nuestro primer amor. Esa conexión tan mágica, inolvidable y eterna. Por supuesto, me refiero a la relación que establecemos en nuestra infancia con el deporte. Por favor, dejad que se desarrolle y perdure en el tiempo, no la destruyáis.

Sobradamente son conocidos los beneficios, tanto a nivel psicológico, social y físico, que genera la práctica deportiva en niños y niñas. Psicológica y emocionalmente, Arnold ya adelantaba en 1991 que la participación en juegos y deportes favorece el desarrollo de cualidades como la lealtad, la fuerza de voluntad, la autorregulación, la perseverancia o la determinación. Más recientemente, en 2001, Diego y Saders nos informaban de los beneficios sociales de la práctica deportiva en edades tempranas: mayor facilidad para relacionarse con las personas, mejor relación con los progenitores o la evasión de la soledad y la depresión, por citar algunos.

La actual situación de crisis sanitaria mundial causada por el Covid-19, debería hacer que abramos los ojos ante una pandemia aún más arraigada en nuestra sociedad, el sedentarismo, especialmente el infantil. En España el 55% de los niños y niñas de entre 8 y 11 años son sedentarios, el cual se dispara en jóvenes de entre 12 y 18 años, alcanzando el 75%. El sedentarismo es el causante del 6% de las muertes en todo el mundo, acabando con la vida de 117.000 personas anualmente en España. Es aquí donde los beneficios de la práctica deportiva en edades tempranas cobran mayor importancia, ya que los expertos coinciden en que la práctica deportiva favorece la adquisición de hábitos saludables, que a la postre, resultan claves en la salud a lo largo de nuestra vida.

Se comprende que la situación actual requiere que se tomen medidas en el Deporte Escolar, como, por ejemplo, entrenar en grupos reducidos de 6 personas y obligar a los Clubes y entidades deportivas a desarrollar protocolos de seguridad anti-covid. Pero de ninguna manera suspender totalmente la actividad, aún más sabiendo que las actividades deportivas no generan ni el 1% de los contagios de Covid. Lo cual demuestra que la práctica deportiva, aparte de favorecer la salud y la educación integral de las niñas y niños, es segura.

Además, a todas nos gusta que ese deportista profesional, convertido en héroe durante su carrera deportiva, se haya criado en nuestro entorno cercano (barrio, pueblo…), para así, al menos en parte, sentirnos parte de ese proceso que le ha llevado hasta la gloria. Sin embargo, con la imposibilidad de entrenar en edades referentes al Deporte Escolar, podemos ir olvidándonos de ese escenario. El cerebelo de las niñas y niños, zona del cerebro donde se asimilan los patrones motrices y de conducta determinantes en cada modalidad deportiva, se mantiene hiperactivado entre los 6 y los 14 años, lo cual resulta en una facilidad de aprendizaje
brutal. Por desgracia, esa actividad cerebral que favorece el aprendizaje desciende cuando los niños se hacen mayores, lo cual dificulta que los niños que dejen de hacer deporte hoy, puedan convertirse en profesionales mañana.

Por todo esto, os pido que permitáis la práctica deportiva a niñas y niños de Etapa Escolar. Por favor, no rompáis ese primer amor, tan puro e inquebrantable. Especialmente en esta época, donde se presentan nuevos amantes en forma de pantalla, que pueden acabar definitivamente con el primer amor, y que como todo el mundo sabe, tan difícil es de superar.

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