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La pandemia originada por el Covid19 dejará tras de sí la dramática secuela de más de un millón y cuarto de vidas en 2020, además cambios profundos en la forma de vivir y de relacionarnos, hasta afectar severamente, coyuntural o estructuralmente a culturas y formas de pensar.

Con independencia del tratamiento paliativo o preventivo que se dé en los distintos puntos del globo a esta enfermedad o amenaza, el coronavirus nos lega, también, una generalizada reacción: más de un millón de muertos exigen acciones de gobierno aquí y en Pekín. Ninguna administración, por poco que haya hecho, se ha podido ni debido quedar parada.

Esta infección vírica, como otras anteriores y las que le sucedan no podrán dejar de ser consecuencia de los estilos de vida en los que nacen y se propagan, en tal sentido el análisis de nuestros hábitos personales y sociales parece necesario. Y es en este aspecto en el que la Organización Mundial de la Salud viene incidiendo desde hace años.

El Covid19 ha popularizado la imagen de del Dr. Tedros Adhanom, el etíope que dirige la OMS, dado que la incidencia universal de esta pandemia relativiza las actuaciones regionales y nos muestra una situación de respuesta común: menos política de bloques geográficos o ideológicos y más investigación: necesitamos saber las causas y, sobre todo, tener una vacuna eficaz.

Por lógica, los poderes ejecutivos de todo el mundo vuelven la vista hacia los organismos internacionales que puedan generar líneas de actuación coherentes y coordinadas. Es, por ello, buen momento para escuchar o leer algunas de las cuestiones que la OMS viene recalcando sobre nuestra forma de vivir desde hace años: dice, en su web oficial, que la inactividad física es directamente responsable del seis por ciento de las muertes en el mundo. Además, colabora muy directamente en el desarrollo de patologías tales como los cánceres de mama y de colon, la diabetes o las cardiopatías isquémicas, patologías en las que el sedentarismo es causa principal entre el 20 y el 30% de los casos, siempre según el mencionado organismo.

Pues bien, siendo esto así, podríamos decir que de los sesenta millones de personas que fallecerán este año en el mundo, unos cuatro millones lo harán por “falta de actividad física”: no es el Covid 19 nuestra única amenaza.

La situación en España, tanto en lo referente a la actual pandemia, como al
sedentarismo, no es un motivo de orgullo. Estamos ante la incidencia más alta de sedentarismo y obesidad de nuestra historia, agravada por la crisis sanitaria que ha llevado a gran parte de la población a reducir su actividad física diaria y a muchos, sobre todo los mayores a dejar de hacer ejercicio físico pautado.

Paradójicamente, la práctica regular de ejercicio conlleva los efectos fisiológicos que permiten una positiva variación de la composición sanguínea, con aumento del número de leucocitos y el consecuente aumento de la eficacia de respuesta del sistema inmune, tal como vienen a demostrar numerosas investigaciones relativas a la fisiología del
esfuerzo o al estudio de la inmunología.

En otro orden de cosas, pero con estrecha relación con la anterior apreciación, un reciente trabajo, del inglés Ukactive Research Institute, del que se hace eco la fundación España Activa que preside el ex secretario de Estado para el Deporte Jaime Lissavetzky, concluye que, con una masa crítica de 22 millones de asistencias a 1.500 instalaciones deportivas del Reino Unido, entre el 25 de julio y el 13 de septiembre de este año, se
han detectado 0´34 casos de contagios del Covid 19 por cada cien mil visitas. La investigación hace referencia, a su vez, a otra de origen norteamericano en la que sobre casi cincuenta millones de utilizaciones a tres mil gimnasios habían arrojado una tasa de infección aún menor que la inglesa.

En España las cifras oficiales corroboran esa bajísima influencia del entorno deportivo en la transmisión del virus: el ministerio de sanidad fija la incidencia de casos acumulados en “actividades deportivas” en un 0´5 %. Se trata de cifras no homologables con las obtenidos por los estudios en el entorno anglosajón, sobre todo porque éstos hacen referencia a Centros Deportivos relacionados con actividades dirigidas y los datos españoles no discriminan entre las diferentes formas y manifestaciones del deporte. Pero todo lo que nos llega sobre Covid19 y deporte es absolutamente ajeno a la actividad deportiva que bajo promoción pública o privada se desenvuelve en entornos estrictamente controlados y profesionalizados.

Los Centros Deportivos conforman espacios seguros, dado su compromiso responsable en la aplicación de la totalidad de la normativa sobre la convivencia en espacios públicos. Nos va en ello la profesionalidad y la supervivencia.

Pero, aunque la evidencia científica demuestra una y otra vez que la actividad física repercute positivamente en nuestro sistema inmunológico y salud y que se desarrolla en centros seguros, vemos que la población está reduciendo su práctica deportiva: las dudas generadas por intuiciones y la falta de un apoyo explícito y decidido por parte de la administración no ayudan a la recuperación del sector.

Por otro lado, hasta ahora, ni las campañas de concienciación ni la política fiscal han hecho lo suficiente para revertir una tendencia que, de seguir así, crecerá exponencialmente. Estamos profundizando en otra pandemia a la que, por su familiaridad no prestamos la suficiente atención: el sedentarismo.

El Covid 19, este fatídico 2020, se llevará por delante a unos cincuenta mil españoles, cifra que impresiona. Por tanto, ¿porqué hacemos tan poco contra el sedentarismo, que en el mismo periodo va a superar holgadamente esa cifra? Cada año mueren en España más de cincuenta y cinco mil personas por causas íntimamente ligadas con los hábitos
sedentarios de una población.

Al coste humano habríamos de añadir una sangría económica de unos cinco mil millones de gasto sanitario (CSD), cifras que justifican, por sí mismas, políticas promocionales y fiscales que reviertan una tendencia que coloca a los españoles y, sobre todo a las españolas, con niveles de sedentarismo por encima de la media de la Unión Europea, según el Eurobarómetro.

No se trata de comparar pandemias, no sería ni justo ni lógico, pero sí de reivindicar desde un segmento productivo de primera magnitud como el conformado por el deporte, un tratamiento acorde con su implicación en sectores tan sensibles como la salud o la economía.

Lo más paradójico de la cuestión tratada es que nuestra petición no va más allá de publicitar un remedio seguro, eficaz y barato: acude a un centro deportivo, haz ejercicio físico, pautado, organizado y racional con regularidad.

¡Muévete!: el sedentarismo tiene vacuna.

Isabel Vega: presidenta de la Asociación Cántabra de Empresarios de la Salud y Ejercicio Físico ACESEF, delegada en Cantabria de la Federación Nacional de Empresarios de Instalaciones Deportivas FNEID.
Luis V. Solar: doctor en filosofía y CC de la Educación, licc en CC de la Actividad Física y del Deporte. Ex presidente de la Asociación Española de Gestores del Deporte. Profesor de la Universidad Europea del Atlántico.

  1. Mikel Bringas Responder

    Hola Luis e Isabel, gracias por vuestro artículo.
    Interpreto que en vuestro texto inactividad física y sedentarismo se utilizan como sinónimos, y creo que en el lenguaje coloquial así se suele hacer, pero en este artículo no parece que sea lo correcto, menos aún al hacer referencia a la OMS.
    El jueves la OMS presentará las nuevas directrices de actividad física, en las que por primera vez incluirá las referencias a comportamientos sedentarios, pese a que aún no se dispone del mismo nivel de evidencia que en lo referente a inactividad física.
    Un abrazo.

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